Utilizamos cookies propias y de analítica para mejorar tu experiencia de usuario. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración y obtener más infomación aquí. Acepto

Blog

¿Y qué pasa con los adolescentes ahora? Adolescencia, aislamiento y COVID-19

Esto me preguntáis muy a menudo desde que empezó este aislamiento, ¿algún truco para poder convivir con su casi “nula” presencia en la vida familiar? ¿Qué le puedo decir para que entienda que NO puede/debe quedar con sus amigxs sin las medidas de protección?

Actualmente se considera que la adolescencia empieza a los 12 años, pero cada vez se habla más de una pre-adolescencia desde los 10 años. De esta manera, en el “mapa” del aislamiento se incluyen «muchos» pre o adolescentes en casa, en aislamiento, cuya tarea más importante consistía hasta hace bien poco en “relacionarse”. A nivel teórico, uno de los trabajos más importantes que realiza el pre o adolescente es responder a la pregunta de: ¿Quién soy yo? Para poder responder a esta pregunta necesita su espacio (aislado) pero también necesita al grupo. La relación con los padres/madres es insustituible y siguen generando apoyo, comprensión y limites valiosos incluso en esta etapa, pero los pares van a ser una fuente de apoyo emocional imprescindible. En la niñez, las relaciones entre iguales son más individuales, de tú a tú, pero a partir de la pre-adolescencia, el grupo empieza a tener una entidad propia y valiosa para el desarrollo del individuo. El grupo de pares es fuente de afecto, solidaridad, compresión y orientación moral, un lugar para la experimentación y un escenario para convertirse en seres autónomos e independientes de los padres/madres. Es un lugar para formar relaciones íntimas que sirven como ensayo para la intimidad adulta (Papalia, 2010).

 

¿Cómo pueden hacer todo esto si el grupo “físico” ha desaparecido?

Las medidas de confinamiento se han relajado, pero seguimos teniendo miedo e incertidumbre sobre cómo estos jóvenes se podrán relacionar, por lo que es importante darles alternativas y recursos que les proporcionen este aprendizaje tan valioso.

 

Siete alternativas al aislamiento para adolescentes

  1. Fomentar y fortalecer el YO. ¿Qué podemos hacer si el grupo «físico» no tiene tanta presencia? Aprovechar y ayudarle a reforzar el YO y la parte más individual de este «yo». Esto incluye: a) alentar a la investigación sobre los propios intereses; b) crear un espacio para hablar de los objetivos a corto y a largo plazo en todas las áreas de su vida (familia, amistades, estudios/trabajo, etc.) y; c) conocer y reconocer lo valioso del ser, es decir, cada una de las características personales.
  2. Mantener y reforzar sus lazos de amistad. Para compensar el “aislamiento” físico que están viviendo, se tendrá que regular el horario de contactos “virtuales”. Fomentar no quiere decir abusar, así que mejor dejar claro el número de contactos diarios y el horario para realizarlos. Con la fase de desescalada podemos acordar pequeños encuentros en grupos “pequeños” con las medidas sanitarias necesarias (compromisos por escrito y debidamente negociados) o bajo la supervisión de un adulto (en los casos que se pueda).
  3. Escuchar, conversar, acordar, negociar y empezar el ciclo de nuevo. Es necesario “practicar” estas habilidades y lo podemos hacer en familia. Estos aspectos son importantes a nivel social y es en la familia donde tenemos oportunidad de probarlas, aprenderlas y afianzarlas. Acordar unas rutinas en casa para la limpieza, obligaciones y juego pueden ser un buen momento para probar estas habilidades.
  4. Dejar hacer, pero estar presentes y ayudar. El pre o adolescente crea sus propias reglas internas de regulación y necesita tiempo para experimentarlas y ver su viabilidad. Dar espacio para ello va a ser muy importante para conseguir ese aprendizaje, pero también es importante dar la ayuda cuando sea necesaria.
  5. Dejar espacio para la introspección. Dejar momentos para la soledad de la habilitación, pero con los acuerdos necesarios para saber en que se utiliza ese tiempo de soledad. Esto significa también reforzar y aceptar estos espacios como necesarios al pre o adolescente.
  6. Modificar y adaptar viejos hábitos. Lo que valía hasta ahora igual ya no vale: normas para entrar y salir de casa, normas para hacer las tareas de casa, normas para relacionarse con los demás. Todo esto se debe adaptar “semanalmente” a los nuevos cambios y hablar para consensuar las nuevas normas en familia.
  7. Crear un espacio para las emociones. Esta nueva situación ha traído más consciencia. Nos hemos dado cuenta de la importancia de nuestras relaciones, de nuestros seres queridos, la importancia del tocar y ser tocado. Nos hemos sentido frustrados y enfadados por la nueva situación, por las limitaciones que nos ha generado y por los cambios que hemos tenido que afrontar. Todo ello ha generado emociones encontradas y hay que dar espacio para puedan ser expresadas. A veces la emoción se expresa al revés de cómo se siente. Ayudar al pre o adolescente a identificar, comprender y regular la emoción le ayudará a identificar más rápidamente aquello que contar y/o que pedir a su grupo de pares.

 

El grupo de pares es insustituible, debemos encontrar la manera en que estos adolescentes encuentren de nuevo al grupo. El tocar físico es insustituible, volverá, pero hasta que podamos volver a abrazarnos no podemos poner en “off” a nuestros adolescentes. Ellos siguen creciendo y aprendiendo sobre sí mismos. Siguen necesitando encontrase y para ello necesitan a su grupo de iguales de alguna manera. Tampoco podemos olvidar cultivar y fortalecer la parte del YO que estos pre o adolescentes van a mostrar en el grupo. Para esto aquí tienes un interesante video dirigido a los adolescentes en primera persona. Que lo disfrutéis 😉

Raquel Bañuls

Dra. Psicología. Especialista en IE.

Directora EDIpsicólogos.