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Viajera con demasiado peso: emociones tóxicas

«Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas,

la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino-,

para decidir su propio camino»- Viktor Frankl

¿Quién te hace sufrir?, ¿Quién te quita la tranquilidad?, ¿Quién te lastima?

Posiblemente podríamos escribir una lista enorme de posibles culpables, de aquellos que no nos han dado lo que nos merecíamos, lo que necesitábamos o aquellas cosas que hemos perdido o personas que se han ido de nuestra vida… Quedándonos con un profundo dolor que muchas veces no entendemos. Me gusta explicar esta sensación con la metáfora de cargar una gran mochila pesada llena de emociones. Estas emociones y sentimientos como la rabia, la ira, la culpa o el rencor. Un dolor intenso que vamos guardando en nuestra mochila que nos frena, nos pesa, nos bloquea, impidiéndonos continuar ligeramente nuestro camino.

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A veces no hace falta buscar nombres, ni hacer listas de culpables. Nadie te hace sufrir, ni te quita la tranquilidad o te lastima. Nadie tiene la capacidad al menos que nosotros lo permitamos de entregar el control de nuestra vida. El peor lugar donde colocamos nuestro bienestar es en lo externo,  en los demás o en aquello que no podemos cambiar o se escapa de nuestro control. Mientras tanto vamos llenando nuestra mochila de viaje de emociones tóxicas como reproches, resentimientos, creando un espacio de necesidades insatisfechas, expectativas no cumplidas y sueños rotos, que nos limitan.

Y mis siguientes preguntas serían, en este caso ya no quién te lastima o  te hace sufrir, sino ¿Quién te cuida? ¿Quién nos ilusiona? ¿Quién escucha tu alma?… Porque es normal poner en el otro las necesidades propias, queremos que lo adivine, que lo intuya. Sin embargo no podemos dejar nuestra felicidad en manos de lo externo, de los demás o de las circunstancias; es demasiado importante como para dejarlo en manos externas. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia.

Nosotros mismos tenemos la capacidad de explorar, de curiosear, de expresar, de sentir, ilusionarnos, querernos, cuidarnos, escuchar nuestra alma… de escribir nuestra historia de vida, tomando nuestras decisiones, dejándonos sentir. Quizás no podamos controlar lo que ocurre a nuestro alrededor, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede; o como me gusta decir a mí, puedo decidir qué cosas quiero llevar en mi mochila de vida.

Y por último también me pregunto cómo sería eso de dejarnos sentir, de guiarnos por nuestro cuerpo y sus sensaciones, de dejarnos guiar por esa brújula interna, de escuchar nuestra alma… Me refiero a querer cruzar mis creencias, mis “debería”, mis “expectativas” y ocuparme de cuidarme y satisfacer mis necesidades, ser fiel a mí misma, de darme aquello que deseo; es decir darme el permiso para ser.

A veces tengo la sensación de que estamos buscando tantos estímulos externos para sentir o activarnos que ignoramos las señales del cuerpo o nuestra brújula interior que nos mueve hacia donde realmente nuestro cuerpo y nuestra mente necesita.

Viktor Frankl  decía que “cuando ya no somos capaces de cambiar una situación nos encontramos con el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. Entonces me vuelvo a preguntar ¿Y si en vez de intentar cambiar lo exterior, intento responsabilizarme de mí y de mis emociones? ¿Cómo sería descargar esa mochila pesada llena de cosas que no necesito? ¿Cómo sería dejarme guiar por mí misma? ¿Cómo sería aprender de mis emociones como la rabia, la ira, odio o el rencor y transformarlas? ¿Cómo sería quererme, y cómo lo hago?.

La próxima vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, piensa que: No es él ni ella. Sino ÉRES TÚ quien lo permite y depende de ti escribir tu propia historia.

Todo empieza a encajar cuando me permito SER, más allá de lo que se espera de mí. Piensa ¿de qué necesitas desprenderte?, ¿Qué es lo que necesita tu alma?

“Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados”- Anónimo