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Mindfulness: verdades y mentiras sobre la autocompasión

Mujer, Meditación, Inhalar, Bienestar

Qué son la compasión y la autocompasión

Resulta cuanto menos curioso el desconocimiento que se observa a veces sobre estos conceptos y su confusión con otros términos, en parte relacionados, pero tan diferentes, como pueden ser la lástima o la autoestima.

Compasión es el sentimiento de aflicción que se produce en nosotros ante el sufrimiento de otra persona, seguido del deseo de aliviar dicho sufrimiento. De igual forma, la autocompasión sería la aflicción que se produce en nosotros ante nuestro propio sufrimiento, y el deseo de aliviar ese sufrimiento.

Vemos, pues, que en la compasión hay dos partes (conciencia de sufrimiento y deseo de aliviarlo) que son fundamentales no sólo a la hora de definirla, sino también a la hora de diferenciarla de otros términos similares.

Lo que NO es la compasión y la autocompasión

A continuación, se resumen esquemáticamente las diferencias con otros términos con los que pueden confundirse:

NO es autocompasión…
Lástima: implica un cierto sentimiento de superioridad con respecto al ser que sufre.
Lástima de uno mismo: actitud de “pobre de mí”, rumiamos sobre las cosas desagradables y nos bloquea para la acción
Autoestima: conlleva juzgarse a uno mismo como competente o poco competente. Se basa en comparaciones con otros y depende de que tengamos o no éxito

 

Debilidad

 

Egoísmo
 

Autoindulgencia: hacer lo que nos apetece, aunque sea perjudicial para nosotros mismos

Buenismo: ser siempre muy bueno y muy modosito
SI es autocompasión…
Se centra en el amor y el deseo sincero de ayudar a la otra persona
El deseo de aliviar el propio sufrimiento hace que se sientan más motivados para adoptar las medidas necesarias para estar mejor
No implica juicios, simplemente significa relacionarnos con nosotros mismos con amabilidad, especialmente cuando fracasamos. No depende del atractivo físico o los éxitos. Siempre está disponible, por lo que es mucho más estable.
Es una fuerza que da resiliencia al enfrentar una dificultad, como pueda ser un divorcio, un trauma o una enfermedad crónica
 

Reduce la sensación de separación con los demás, prestándoles más atención y apoyo

Las personas autocompasivas tienen claro que quieren cuidarse y por ello llevan a cabo conductas más saludables
Tienen también un lado fuerte que puede ser incluso fiero

Componentes de la autocompasión

Una vez definidas, en términos generales, la compasión y la autocompasión, y aclaradas las confusiones sobre ellas, vamos a centrarnos en los tres componentes que integran la autocompasión.

  • En primer lugar, la autocompasión tiene un componente de mindfulness. Un requisito previo para que surja la compasión es saber que estamos sufriendo, mientras sufrimos. La atención plena nos permite volvernos hacia los sentimientos dolorosos y “estar con ellos” tal y como son. Mindfulness es un estado equilibrado de conciencia. No reprimimos ni evitamos lo que sentimos, ni nos dejamos llevar por la dramática historia de lo que está sucediendo, lo que supondría una sobreidentificación.
  • Otro componente es la humanidad compartida. Supone ver que todos tenemos imperfecciones y que todo el mundo sufre. Cuando algo sale mal pensamos que eso no debería estar sucediendo, lo que crea un sentimiento de anormalidad o de estar equivocado, y esto puede llevar a la vergüenza y al aislamiento.
  • Y, por último, está la autoamabilidad. Tratarnos a nosotros mismos con amabilidad, cuidado, comprensión y apoyo, como trataríamos a un buen amigo. La mayoría de las personas se tratan a sí mismas con más dureza de lo que tratarían a otros, diciéndose cosas crueles que jamás dirían a otras personas.

Dos formas de autocompasión

Llamaremos a estos dos tipos de autocompasión yin y yang, aludiendo a las dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas.

La mayoría de las personas asume que la autocompasión es primordialmente suave y receptiva porque la compasión está asociada con el fomento de las relaciones. Sin embargo, tanto la compasión como la autocompasión pueden ser fuertes, incluso feroces. Por ejemplo, cuando un bombero actúa con la decisión, fuerza y contundencia necesarias para salvar la vida de alguien, eso es auténtica y genuina compasión. También podemos tener una compasión fiera para nosotros mismos, como negarnos a seguir sufriendo maltrato y hacer lo que haya que hacer por acabar con esa situación, o realizar actos de valentía cotidianos, como enfrentarnos a un jefe abusivo. Para ser totalmente compasivos, necesitamos tanto el yin como el yang de la autocompasión.

  • El yin de la autocompasión contiene los atributos de ‘estar’ con nosotros mismos de una manera compasiva: reconfortándonos, calmándonos y validándonos a nosotros mismos.
  • Por otro lado, la autocompasión yang está asociada a ‘actuar’ en el mundo de una forma feroz: protegiéndonos, satisfaciéndonos y motivándonos a nosotros mismos.

Estos dos aspectos de la autocompasión son formas de cuidado diferentes, pero igualmente esenciales. Necesitamos un equilibrio entre el yin y el yang en la vida diaria.

 

Andrés Gómez Sanjuán

Equipo EDIPSICÓLOGOS