¿Cómo enseñar a los niños a disfrutar del tiempo libre durante las vacaciones? 

Las vacaciones suelen asociarse con descanso, planes y tiempo en familia. Después de meses de colegio, deberes y actividades, llega un momento en el que los niños tienen muchas más horas libres.

Y aunque esto puede parecer algo positivo, no siempre resulta sencillo.

Algunos niños se aburren rápidamente, piden constantemente que les digamos qué hacer o tienen dificultades para encontrar una actividad por sí mismos. En otras ocasiones, el verano se llena de tantos planes que apenas queda espacio para descansar.

Aprender a disfrutar del tiempo libre también es algo que se puede enseñar.

No se trata de mantener a los niños entretenidos durante todo el día, sino de ayudarles poco a poco a descubrir qué les gusta, tomar pequeñas decisiones y sentirse cómodos cuando no hay una actividad programada.

El tiempo libre también es necesario

Durante el curso, gran parte del día de los niños está organizada.

Hay horarios, clases, actividades extraescolares, deberes y diferentes responsabilidades que van marcando lo que tienen que hacer en cada momento.

En verano, esta estructura cambia.

Y aunque al principio pueda costar adaptarse, tener momentos sin nada programado también es beneficioso.

El descanso no significa necesariamente estar haciendo algo diferente todo el tiempo. También puede ser simplemente tener un espacio para jugar, imaginar, descansar o no hacer nada concreto.

Los niños necesitan estos momentos tanto como necesitan las actividades y las experiencias nuevas.

¿Por qué algunos niños se aburren tan rápido?

Cuando un niño dice “me aburro”, es habitual que los adultos intentemos encontrar rápidamente una solución.

Le proponemos un juego, ponemos una película o buscamos alguna actividad para que deje de sentirse así.

Sin embargo, el aburrimiento no siempre necesita desaparecer inmediatamente.

A veces, ese momento en el que el niño no sabe qué hacer puede ser precisamente el comienzo de algo nuevo.

Puede inventar un juego, buscar un libro, dibujar, construir, jugar con sus hermanos o simplemente descubrir que puede entretenerse sin que otra persona tenga que organizarlo todo.

Aprender a tolerar pequeños momentos de aburrimiento también ayuda a desarrollar autonomía.

Dejar espacio para que ellos decidan

Durante las vacaciones podemos aprovechar el tiempo libre para dar a los niños pequeñas oportunidades de elección.

No es necesario que decidan sobre todo.

Podemos preguntarles qué prefieren hacer entre varias opciones, dejar que elijan un juego o permitir que propongan una actividad para pasar la tarde.

Estas decisiones cotidianas les ayudan a desarrollar iniciativa y a descubrir sus propios intereses.

A veces, como adultos, queremos organizar cada momento para asegurarnos de que lo están pasando bien. Pero darles espacio también significa confiar en que pueden encontrar sus propias formas de disfrutar.

No hace falta llenar el verano de actividades

Campamentos, excursiones, viajes, talleres, deporte, piscina, visitas…

Todas estas actividades pueden ser experiencias positivas, pero no es necesario que cada día tenga un plan diferente.

Cuando el verano está completamente organizado, puede resultar difícil encontrar momentos de descanso real.

Además, los niños también necesitan tiempo para jugar libremente y para estar con ellos mismos.

Tener menos actividades no significa aprovechar menos las vacaciones.

A veces, una tarde tranquila en casa puede ofrecer más espacio para descansar, imaginar y compartir que un día lleno de planes.

¿Qué papel tienen las pantallas?

Durante las vacaciones, el tiempo frente a las pantallas puede aumentar porque hay más horas libres.

Las pantallas forman parte de la vida cotidiana y no tienen por qué convertirse en algo negativo por sí mismas. Sin embargo, es importante observar qué lugar ocupan.

Si cada momento de aburrimiento se resuelve con un móvil, una tablet o un videojuego, el niño puede tener menos oportunidades para descubrir otras formas de entretenerse.

Por eso, puede ser útil ofrecer también alternativas y evitar que la pantalla sea siempre la primera respuesta cuando aparece el aburrimiento.

No se trata de prohibir, sino de ampliar las posibilidades.

¿Y si se enfada porque no sabe qué hacer?

Algunos niños pueden reaccionar con frustración cuando no encuentran una actividad que les interese.

Pueden protestar, enfadarse o pedir continuamente que alguien les ayude.

En estos momentos, podemos acompañarles sin tener que resolver inmediatamente la situación.

Podemos decir:

“Entiendo que estés aburrido.”

“Ahora mismo no sabes qué hacer.”

“Puedes pensar qué te apetece probar.”

Validar lo que sienten no significa buscar una solución por ellos.

También podemos ayudarles a tolerar ese pequeño malestar mientras encuentran sus propios recursos.

Poco a poco, aprenderán que no siempre necesitan que un adulto les diga qué hacer.

El juego libre también tiene un lugar en las vacaciones

Cuando los niños juegan sin una actividad dirigida, tienen que tomar decisiones, imaginar situaciones, resolver pequeños conflictos y crear sus propias reglas.

No todo juego tiene que tener un objetivo educativo.

A veces simplemente jugar es suficiente.

El juego libre permite que los niños exploren sus intereses y expresen diferentes emociones de una forma natural.

Por eso, durante las vacaciones puede ser interesante dejar a su alcance materiales sencillos como cuentos, pinturas, construcciones, juegos de mesa o elementos que puedan utilizar de diferentes maneras.

No hace falta prepararles una actividad.

También es importante que puedan descubrir qué hacer por sí mismos.

Acompañar sin organizarlo todo

Ayudar a los niños a disfrutar del tiempo libre no significa dejarles solos ni esperar que sepan gestionar todas las horas del día.

Especialmente cuando son pequeños, necesitarán propuestas, acompañamiento y límites.

La clave está en encontrar un equilibrio.

Podemos ofrecer alternativas sin imponerlas, escuchar sus preferencias y permitir que participen en algunas decisiones.

De esta forma, poco a poco, el niño va adquiriendo más capacidad para organizar su propio tiempo.

Aprender a disfrutar también es aprender a parar

Las vacaciones no tienen que convertirse en una sucesión de actividades.

Los niños necesitan disfrutar, pero también descansar, aburrirse un poco, jugar sin instrucciones y tener momentos tranquilos.

Aprender a estar sin hacer nada también forma parte del desarrollo.

No necesitamos que cada momento sea productivo ni que cada día esté lleno de experiencias.

A veces, el verano puede ser simplemente un espacio para bajar el ritmo y descubrir otras formas de estar.

Un verano con espacio para disfrutar

Cada niño tiene unas necesidades diferentes. Algunos necesitarán más estructura, otros tendrán más facilidad para organizarse y otros necesitarán más acompañamiento para encontrar actividades que les interesen.

Lo importante es no convertir el tiempo libre en una obligación más.

Las vacaciones pueden ser una oportunidad para que los niños descubran qué les gusta, tomen pequeñas decisiones y aprendan a disfrutar de momentos que no están completamente organizados.

En EDI Psicólogos entendemos que acompañar el desarrollo de un niño también significa darle poco a poco herramientas para desenvolverse con mayor autonomía.

Porque aprender a disfrutar del tiempo libre no consiste en estar entretenido todo el tiempo.

También consiste en descubrir que uno mismo puede encontrar qué hacer, qué necesita y cómo quiere disfrutar de su tiempo.

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